Cuando Roma habla con Salamanca: León XIV, los pueblos del Nuevo Mundo y la memoria viva del derecho.

Ante el Parlamento español, León XIV citó a Vitoria y Las Casas. Un gesto teológico que cuestiona la postura de la Iglesia respecto a los pueblos indígenas de América.

Vía Equipo Bíblico
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El discurso que conmovió a las Cortes

Hay ocasiones en que una declaración papal trasciende la cámara en la que se pronuncia para llegar a continentes enteros. El 8 de junio de 2026, bajo las bóvedas doradas del Palacio de las Cortes en Madrid, León XIV pronunció un discurso que fue recibido con casi siete minutos de ovación de pie, un récord en una cámara acostumbrada a enfrentamientos políticos. Pero más allá de las aclamaciones, más allá del debate sobre la vida, la migración o la paz, el Papa incluyó en su discurso una referencia cuyo significado completo muchos comentaristas subestimaron: invocó la cuestión de Salamanca, los teólogos Francisco de Vitoria y Bartolomé de Las Casas, y los describió como fundadores del derecho internacional y defensores de la dignidad de los pueblos del Nuevo Mundo.

Esta referencia no es un halago dirigido al orgullo histórico español. Es un acto teológico y diplomático de singular profundidad, que se dirige simultáneamente a tres públicos distintos: España, que lidia con el legado ambiguo de la controversia de Valladolid; Latinoamérica, cuyos pueblos indígenas han esperado durante siglos el pleno reconocimiento eclesiástico; y Estados Unidos, donde las políticas de asimilación forzada en las escuelas católicas para niños indígenas siguen siendo objeto de investigaciones y demandas de justicia. León XIV, agustino de formación, marcado por años de labor misionera en Latinoamérica, sabía perfectamente lo que decía y a quién se dirigía.

El profeta Isaías entona un cántico que la tradición cristiana siempre ha interpretado como una promesa universal: «"Las islas escucharon, los pueblos lejanos guardaron silencio para oír."» (Isaías 49:1). Quizás sea en esta dimensión planetaria de la Palabra donde mejor podemos medir el alcance del gesto papal en Madrid: una palabra pronunciada en un parlamento europeo que resuena hasta las reservas de Canadá, hasta las comunidades amazónicas, hasta las llanuras de Dakota.

La Escuela de Salamanca, una revolución teológica olvidada.

Vitoria: Cuando la fe da origen a la ley

Francisco de Vitoria (c. 1486–1546) enseñó en la Universidad de Salamanca en una época en que los conquistadores españoles devastaban las civilizaciones nativas americanas en nombre de Cristo y la Corona. Siendo un austero dominico, formado en París en la tradición tomista, podría haber permanecido en silencio como tantos otros. En cambio, alrededor de 1539, optó por pronunciar su famoso discurso. Elecciones de la India, una serie de conferencias académicas que constituirán el acta de nacimiento del derecho internacional moderno.

Su enfoque fue de considerable audacia teológica. Mientras que sus contemporáneos justificaban la conquista mediante la donación papal —las bulas de Alejandro VI que otorgaban a los Reyes Católicos la soberanía sobre las tierras descubiertas—, Vitoria partió del derecho natural, común a toda la humanidad por el mero hecho de la razón. Este giro fue decisivo: al fundamentar su argumento no en el privilegio eclesiástico, sino en la racionalidad compartida de toda la humanidad, Vitoria convirtió a los nativos americanos en sujetos de ley por derecho propio, legítimos propietarios de sus tierras y propiedades, capaces de gobernarse políticamente y de autodeterminarse.

La sala Francisco de Vitoria en el Palacio de las Naciones de Ginebra ahora lleva su nombre: un discreto pero elocuente homenaje de la modernidad secular a un teólogo católico del siglo XVI. Vitoria afirmó que las naciones tienen derecho a gobernarse a sí mismas, independientemente de su religión, creencias u origen. Al invocar su nombre ante las Cortes, León XIV hizo algo más que citar a un antepasado ilustre: revivió una tradición intelectual en la que el catolicismo aún puede considerarse, no un pretexto para la dominación, sino el fundamento mismo de la dignidad universal.

Las Casas: La teología como clamor profético

Si Vitoria fue la jurista, Bartolomé de Las Casas (1484-1566) fue el profeta. Testigo directo de las masacres perpetradas por los conquistadores, este antiguo colono, conmovido por la difícil situación de los pueblos indígenas, dedicó su vida a proclamar la verdad ante cortes reales, audiencias eclesiásticas y tribunales teológicos. Fue él quien obtuvo la bula papal del papa Pablo III en 1537. Sublimis Deus, que reconoce formalmente que los nativos americanos "poseen el uso de la razón, son verdaderamente seres humanos" y condena su esclavitud.

La controversia de Valladolid (1550-1551), que lo enfrentó al Dr. Juan Ginés de Sepúlveda, suele presentarse como un debate de ideas. Sin embargo, es mucho más que eso: es el primer juicio sobre derechos humanos en la historia occidental. Sepúlveda sostenía que los pueblos indígenas eran «esclavos por naturaleza» en el sentido aristotélico, inferiores a los españoles y que debían ser subyugados por la fuerza para permitir su evangelización. Las Casas replicó que los pueblos indígenas eran «seres humanos que tienen los mismos derechos que los europeos» y que la violencia jamás podía ser un medio para acceder al Evangelio. ¿Acaso el apóstol Pablo, en su carta a los Gálatas, no había establecido ya este principio fundamental? «Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.» (Gál 3:28)? Las Casas no estaba inventando una nueva teología: estaba sacando a la luz, con inmenso coraje, las consecuencias políticas que sus contemporáneos se negaban a escuchar.

El veredicto de Valladolid fue ambiguo: los indígenas tenían alma, sin duda, pero la práctica colonial apenas se modificó. Sin embargo, la profecía de Las Casas perduró a través de los siglos. Y fue esta profecía la que León XIV citó ante el Parlamento español cinco siglos después, en una tierra de piedra e historia.

Una deuda pendiente: la relación de la Iglesia con los pueblos indígenas en la actualidad.

De mea culpa A la acción: aún queda mucho camino por recorrer.

Desde el viaje penitencial de su predecesor a Canadá en julio de 2022, que él mismo describió como una "peregrinación penitencial" a los pueblos indígenas, la Iglesia Católica ha tomado varias medidas significativas. En marzo de 2023, la Santa Sede repudió formalmente la Doctrina Descubrimiento (Doctrina del Descubrimiento), reconociendo que las bulas papales de los siglos XV y XVI habían sido manipuladas por las potencias coloniales para justificar actos inmorales contra los pueblos indígenas. Esta declaración conjunta de dos dicasterios romanos fue un acto histórico: por primera vez, Roma no solo pidió disculpas por la conducta de ciertos misioneros, sino que invalidó explícitamente el instrumento legal que había permitido que la colonización pareciera legítima.

En Canadá, la Iglesia ha creado un fondo de reconciliación canadiense de 30 millones de dólares, respaldado por 73 diócesis y supervisado por un consejo indígena, para financiar la revitalización cultural y lingüística de las comunidades. Entre 1831 y 1996, aproximadamente 150 000 niños indígenas fueron internados a la fuerza en estos internados administrados por la Iglesia bajo mandato del gobierno canadiense; entre 3000 y 6000 de ellos murieron allí. Estas cifras sirven como un crudo recordatorio de que el legado de la colonización no es una abstracción teológica, sino una herida abierta en las familias que aún viven.

En Francia, el problema sigue siendo en gran medida ignorado. En la Guayana Francesa, entre 1930 y 2023 —año en que cerró la última institución— miles de niños indígenas y cimarrones vivieron en hogares católicos subvencionados por el Estado, sometidos a una disciplina humillante, la prohibición de su lengua materna y una violencia colonial generalizada. Se está considerando la creación de una comisión de la verdad y la reconciliación, pero la sociedad francesa, a diferencia de la canadiense o la australiana, aún no se ha involucrado en este debate con la misma intensidad.

El legado de León XIV y la teología agustiniana de la justicia

Aquí es donde la trayectoria personal de León XIV cobra verdadera relevancia. Agustino de profesión, era heredero de una tradición que, desde San Agustín hasta las grandes figuras misioneras de la América colonial, siempre había oscilado entre la adaptación cultural y la asimilación forzada. Pero la orden agustina también produjo voces proféticas, y el Papa sabía que la tradición no se transmite simplemente como una herencia para ser acogida, sino como un desafío que hay que afrontar.

Al convocar a Las Casas y a Vitoria ante las Cortes, León XIV realizó un gesto de reinterpretación teológica: propuso que España abrazara no la ambigua gloria de los conquistadores, sino el honor más exigente de sus teólogos resistentes. Propuso a Latinoamérica y a sus pueblos indígenas que la Iglesia no es solo la institución que acompañó la colonización, sino también la que, desde sus inicios, llevó en sí misma las semillas de su resistencia. Y para Estados Unidos, donde continúan las investigaciones sobre los antiguos internados católicos, este discurso sugiere que el reconocimiento debe ir mucho más allá de las disculpas superficiales para abordar la estructura misma de los derechos, derechos que Vitoria ya había establecido en el siglo XVI y que los pueblos indígenas aún reclaman en los tribunales contemporáneos.

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Hacia una nueva gramática del reconocimiento

Lo que los pueblos indígenas reclaman hoy no difiere fundamentalmente de lo que Las Casas pidió en 1550: ser reconocidos como sujetos de derecho con plenos derechos, respetando su cultura, lengua, espiritualidad y forma de gobierno. La principal novedad en el contexto actual radica en que estos pueblos se pronuncian directamente en foros internacionales: en la ONU, en sínodos y en conferencias episcopales. La Conferencia Canadiense de Obispos Indígenas respondió al discurso de Madrid destacando que la mención de Las Casas por parte de un papa ante un parlamento europeo constituye un «momento histórico de reconocimiento».

Sin embargo, el reconocimiento simbólico, por valioso que sea, no puede reemplazar el reconocimiento legal y político. El Libro del Eclesiastés nos advierte que «"Las palabras de los sabios, escuchadas con calma, son mejores que los gritos de un gobernante entre necios."» (Eclesiastés 9:17) — lo que significa que la calidad de un discurso se mide por sus consecuencias, no por los aplausos. La ovación de siete minutos en las Cortes fue magnífica. La verdadera respuesta a Vitoria y Las Casas se medirá en las acciones que sigan: la apertura de archivos, la distribución de fondos, el reconocimiento de derechos territoriales y la enseñanza de lenguas indígenas en escuelas católicas de la Amazonía y Guyana.

León XIV, como agustino que conocía el peso de la vida terrenal, no se hacía ilusiones sobre la lentitud de la historia. Pero como heredero de Vitoria, también sabía que una verdad dicha no puede retractarse, y que una palabra pronunciada ante un parlamento, ante las cámaras, ante la historia, compromete a partir de entonces a toda la Iglesia, en todos los continentes, al honor de sus propios principios.

✝ Referencias bíblicas

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Qohelet (Autor desconocido) · Siglo IV-III a. C. · 222 versículos

Vanidad de vanidades, todo es vanidad. (Eclesiastés 1:2)

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