Nanay grita, y Roma se prepara para escuchar.

La Nanay envenenada por el oro ilegal: el clamor de Iquitos resuena antes de la llegada de León XIV a la Amazonía peruana.

Vía Equipo Bíblico
20 Lectura mínima

El agua que hoy fluye hacia Iquitos transporta algo más que sedimentos amazónicos: transporta mercurio. El 17 de agosto, el Vicariato Apostólico de Iquitos emitió un llamado de suma gravedad, exigiendo el cese inmediato de toda actividad minera ilegal en la cuenca del río Nanay, el cual abastece de agua potable a más de medio millón de habitantes de la capital de Loreto y las comunidades aledañas. Este clamor no surgió de la nada: es la continuación de una lucha iniciada hace años por el obispo Miguel Ángel Cadenas Cardo, obispo agustino del vicariato, y llega en un momento crucial, mientras el Papa León XIV se prepara para pisar suelo peruano del 11 al 17 de noviembre, como parte de un viaje apostólico que lo llevará a Uruguay, Argentina y luego al país donde desarrolló la mayor parte de su ministerio misionero. El hecho de que la minería ilegal de oro ya figure entre los temas de conversación entre el presidente peruano José María Balcázar y la Santa Sede dice mucho sobre la importancia que este problema amazónico tiene ahora en la agenda eclesiástica y diplomática. No se trata de un simple problema ambiental: es una cuestión de supervivencia, justicia y, en última instancia, de la teología de la creación.

La cuenca del río Nanay no es un río cualquiera para Iquitos. Aislada de la red vial nacional y accesible solo por río o aire, esta ciudad enclavada en la Amazonía depende casi por completo de su agua para beber, cocinar, pescar y sobrevivir. Sin embargo, durante varios años se han otorgado o solicitado concesiones mineras en las cabeceras de la cuenca, a pesar de los decretos supremos que supuestamente prohíben cualquier nueva operación minera en la zona. En julio pasado, organizaciones civiles, comunidades indígenas y el propio Vicariato unieron fuerzas para exigir que el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico del Perú invalide de inmediato estas solicitudes, recordando que un tribunal constitucional ya había reconocido una "situación inconstitucional" en Loreto en 2023 debido a la falta de acceso al agua y la contaminación ambiental. El llamamiento del 17 de agosto no hace sino elevar el tono de una alerta que se ha vuelto crónica, a pocos meses de una visita papal que bien podría consagrar la Amazonía como un lugar teológico de pleno derecho del pontificado de León XIV.

El agua de Nanay, un bien común convertido en campo de batalla.

Una contaminación que asciende por la cadena de la vida.

El mercurio utilizado en la minería artesanal e ilegal de oro no se limita al lecho del río. Se filtra en los sedimentos, asciende en la cadena alimentaria a través de los peces, se acumula en los cuerpos de las comunidades ribereñas y, en última instancia, afecta primero a los más vulnerables: los niños, cuyas tasas de anemia y desnutrición han alcanzado niveles alarmantes en la región de Loreto. El pescado, alimento básico del pueblo Kukama y otras comunidades ribereñas, se convierte así en un vector de un veneno silencioso. El obispo Cadenas ya había enfatizado este punto en un discurso anterior: preservar las cabeceras no es solo una opción ecológica más, sino una condición para la seguridad alimentaria de miles de familias que no tienen otra alternativa que obtener su sustento del río.

Esta realidad resuena con una antigua intuición bíblica, la que recorre el Libro del Eclesiastés cuando nos recuerda que «todos los ríos desembocan en el mar, pero el mar nunca se llena; al lugar de donde vienen los ríos, allí vuelven» (Eclesiastés 1:7). El agua, en la concepción bíblica, es un ciclo dado, un ritmo confiado a la creación, no un recurso para ser saqueado sin restricciones. Cuando la humanidad envenena la fuente, no solo altera un equilibrio ecológico, sino que desmantela un orden que el Creador concibió para ser fructífero y compartido. El Papa Francisco, en Laudato si’, describió esta herida con palabras que se han vuelto familiares para las comunidades amazónicas: la tierra, nuestra casa común, «empieza a parecerse a un inmenso montón de basura». Lo que Nanay está viviendo hoy ilustra, casi literalmente, esta afirmación.

El derecho al agua como requisito de justicia, no como una concesión.

El Vicariato de Iquitos no se limita a hablar en términos ambientales; habla en términos de derechos humanos fundamentales. Este fue precisamente el argumento que, en julio de 2023, derivó en un fallo favorable de la Corte Constitucional peruana que reconoció que la falta de acceso a agua potable constituía una violación estructural de los derechos de los habitantes de Loreto. Pero un fallo judicial, por solemne que sea, solo es válido si se cumple. Sin embargo, las nuevas solicitudes de concesiones mineras siguen llegando a las autoridades competentes, como si el precedente legal no hubiera tenido un efecto disuasorio real. Es esta disonancia entre la ley proclamada y la realidad administrativa lo que impulsó al Vicariato a alzar la voz en el verano de 2026.

Hay algo en esta insistencia que recuerda el lamento del profeta Amós, cuando denuncia a quienes «venden al justo por plata y al pobre por un par de sandalias» (Amós 2:6). El paralelismo no es forzado: lo que está en juego en Iquitos es, en efecto, el equilibrio entre una vida humana, la salud colectiva y un derecho fundamental, frente a intereses económicos particulares, a menudo impulsados por redes de extracción ilegal vinculadas a operaciones transnacionales de lavado de dinero. La Iglesia en la Amazonía, por lo tanto, no se limita a ser una guardiana del medio ambiente: nos recuerda incansablemente una jerarquía de bienes que el mercado por sí solo no puede establecer. El bien común, como ya afirmó el Concilio Vaticano II en Gaudium et spes, se refiere a «la suma total de aquellas condiciones de la vida social que permiten a ambos grupos y a cada uno de sus miembros alcanzar su pleno potencial de forma más completa y sencilla», y el agua potable constituye su fundamento más básico.

Una Iglesia que acoge la cosmovisión de los pueblos locales.

Lo que distingue la labor del obispo Miguel Ángel Cadenas Cardo es su estrecha relación, que se extiende a lo largo de tres décadas, con el pueblo Kukama, cuyos ritmos, sueños y conexión con el río conoce a la perfección. Esta experiencia moldea un estilo episcopal que no se limita a denunciar la injusticia desde su cargo, sino que habla desde dentro de una cultura amazónica para la cual el río no es meramente un curso de agua, sino una entidad viva, portadora de memoria e identidad. Esta forma de vivir la misión encuentra un eco directo en la exhortación apostólica Querida Amazonia, publicada por el Papa Francisco, que formuló un «sueño ecológico» para la región: el de una Amazonía que «conserva celosamente la irresistible belleza natural que la adorna, la vida desbordante que llena sus ríos y bosques».

Al unir su voz a la de las comunidades indígenas y las organizaciones civiles de Loreto, el Vicariato encarna lo que el Magisterio denomina ecología integral: la idea de que la crisis ambiental no puede separarse de la crisis social, ni la defensa de la naturaleza de la defensa de los más pobres. Se trata de una negativa explícita a tratar el tema minero como una mera disputa técnica entre reguladores y operadores; es una reafirmación de que detrás de cada concesión minera en disputa hay rostros, niños desnutridos, pescadores sin peces sanos y familias sin agua potable.

Nanay grita, y Roma se prepara para escuchar.

León XIV, la amazona y el legado de un misionero que llegó a ser papa.

Un papa que conoce Perú desde dentro

La visita prevista de León XIV al Perú, del 11 al 17 de noviembre, tiene una importancia singular, distinta a la de cualquier otro viaje de este incipiente pontificado. No solo representa el primer regreso del Papa al país donde ejerció su ministerio episcopal en Chiclayo, sino también el regreso de un hombre con ciudadanía peruana, que vivió allí durante veinte años antes de su elección y que conoce de primera mano la realidad de las periferias andinas y amazónicas. El programa oficial, confirmado a principios de agosto por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, incluye una parada en Lima, seguida de Chiclayo en la costa, Cusco en la Cordillera de los Andes y Pucallpa, en el corazón de la selva amazónica. La posibilidad de una parada en Iquitos, mencionada en su momento por el presidente Balcázar, permanece en evaluación logística, pero su sola mención, combinada con la publicación del llamamiento del vicariato unos meses antes de la llegada del Papa, otorga a este grito de alarma una resonancia casi profética: como si la Iglesia amazónica quisiera asegurarse de que la voz de la Nanay llegara a los oídos del Sucesor de Pedro, dondequiera que ponga un pie.

La elección de la Amazonía como punto culminante del viaje a Perú no es insignificante a la luz de la reciente política papal. Desde los primeros meses de su pontificado, León XIV demostró un enfoque particular en las periferias ecológicas y las poblaciones indígenas, siguiendo directamente los pasos de su predecesor. El hecho de que el Vaticano mencionara explícitamente, tras el encuentro entre el Papa y el Presidente peruano, la lucha contra la minería ilegal como uno de los puntos de convergencia entre ambas partes, confirma que este tema ya no es una preocupación marginal, confinada a comunicados diocesanos, sino un asunto que ahora se aborda en los más altos niveles de la diplomacia papal.

Pucallpa, Iquitos: dos caras de la misma herida amazónica

El hecho de que el itinerario oficial priorice Pucallpa sobre Iquitos no disminuye en absoluto el significado simbólico del gesto. Pucallpa, ciudad de la región de Ucayali, también enfrenta la deforestación, el tráfico de tierras y la minería ilegal y las incursiones petroleras que amenazan a los pueblos indígenas. Al optar por concluir su visita al Perú en esta ciudad amazónica en lugar de en la capital o en la costa, León XIV envía un mensaje claro: la imagen final de su estancia en el Perú será la de la selva, sus ríos y sus habitantes más vulnerables. Si finalmente se incluyera Iquitos en el itinerario, sería una confirmación rotunda de que la advertencia del arzobispo Cadenas no ha caído en saco roto.

Esta geografía del viaje evoca una intuición presente en el Libro de Ezequiel, donde el profeta describe el agua que brota del santuario y purifica las aguas por dondequiera que fluye, hasta el punto de que «todo ser viviente que se mueve vivirá dondequiera que fluya la corriente» (Ezequiel 47:9). La imagen resulta impactante para cualquiera que piense en Nanay: lo que el profeta anuncia como una restauración escatológica es precisamente lo que los habitantes de Loreto reclaman hoy: agua restaurada a su propósito original, portadora de vida y no de muerte. Desde esta perspectiva, la visita papal no sería un mero evento mediático, sino una forma de materializar esta promesa profética en el corazón mismo del territorio herido.

La diplomacia de la Santa Sede frente a las redes ilegales de oro

El hecho de que el tema de la minería se planteara explícitamente durante la audiencia entre el Papa León XIV y el Presidente Balcázar en el Vaticano el pasado junio revela un cambio significativo en el enfoque de la Santa Sede respecto a estos asuntos. Ya no se trata simplemente de llamamientos pastorales locales, sino de la inclusión del tema en la agenda misma de las relaciones bilaterales entre el Estado peruano y el Vaticano. Esta convergencia entre los esfuerzos locales del Vicariato y la atención internacional que ahora recibe el tema otorga al llamamiento del 17 de agosto un peso estratégico adicional: ya no se dirige únicamente a INGEMMET y al Ministerio de Energía y Minas del Perú, sino, indirectamente, a la propia Roma.

Esta conexión entre lo local y lo universal es precisamente lo que el Papa Francisco buscó institucionalizar al crear la Red Eclesial Panamazónica, cuya rama peruana estuvo presidida por el obispo Cadenas. Esta estructura permite que las voces de los vicariatos amazónicos, a menudo aislados geográficamente, converjan en un mensaje común, capaz de influir en gobiernos nacionales y organismos internacionales. El Llamamiento de Iquitos del 17 de agosto forma parte de esta dinámica: una voz local, pero transmitida por una red eclesial continental, en vísperas de un importante evento papal.

También es importante recordar que esta lucha por el agua y contra la minería ilegal no se limita a Nanay: abarca toda la cuenca amazónica, desde Brasil hasta Colombia, incluyendo Ecuador, donde vicariatos hermanos libran batallas similares contra la extracción de oro y la deforestación. Lo que sucede en Iquitos es, por lo tanto, emblemático de una crisis estructural mucho más amplia: un modelo de desarrollo que sacrifica las cabeceras del Amazonas a una demanda global de oro que nada parece poder frenar. El apóstol Santiago, en su epístola, utilizó palabras sorprendentemente pertinentes para denunciar esta lógica: «He aquí, el salario de los obreros que segaron tus campos, que no les pagaste, clama; y el clamor de los segadores ha llegado a oídos del Señor de los ejércitos» (Santiago 5:4). El clamor de Nanay, en este sentido, no es solo el de un río envenenado: es el de un pueblo desposeído, cuyo clamor, según la fe cristiana, nunca queda sin respuesta de Dios.

Una teología de la fuente amenazada

El bien común por encima de los intereses individuales.

Lo que el Vicariato de Iquitos reitera incansablemente, casi en términos doctrinales, es que los intereses económicos no pueden anteponerse al bienestar, la salud y la vida de las personas. Esta formulación, repetida en el comunicado del 17 de agosto, no es meramente una consigna militante: encapsula siglos de doctrina social de la Iglesia, desde Rerum novarum hasta Laudato si', incluyendo Laudate Deum, la exhortación en la que el Papa Francisco, publicada simbólicamente en la festividad de San Francisco de Asís, hizo un llamado a una conversión urgente ante el empeoramiento de la crisis climática global. Este texto ya había servido de marco teológico para una declaración previa del obispo Cadenas sobre el río Nanay, prueba de que la continuidad doctrinal entre los dos pontificados sucesivos es muy concretamente evidente en el contexto amazónico.

Lo que dice la Biblia acerca de una fuente secular

En las Escrituras hay una historia menos conocida que arroja una luz singular sobre esta situación: la del manantial envenenado de Jericó, que el profeta Eliseo restauró. El texto relata que los habitantes de la ciudad le dijeron: «Mira, la ciudad está bien situada, como ve mi señor, pero el agua es mala y la tierra estéril» (2 Reyes 2:19). Entonces Eliseo arrojó sal al manantial y proclamó que ya no causaría muerte ni esterilidad. Esta historia, a menudo relegada a un segundo plano en los principales ciclos proféticos, ofrece, sin embargo, una valiosa clave para comprender nuestro tiempo: la tierra fértil puede volverse estéril a causa del agua contaminada, y la palabra profética tiene la función de proclamar que esta situación no es inevitable. El llamamiento del Vicariato de Iquitos forma parte de esta misma tradición profética: denunciar el mal para abrir un camino hacia la sanación, negarse a resignarse a la esterilidad programada de un río que da vida.

Responsabilidad de todos en nuestro hogar común

Sería demasiado fácil reducir esta crisis a un problema exclusivamente peruano, alejado de las preocupaciones cotidianas de los católicos en otros continentes. Sin embargo, el oro extraído ilegalmente de la cuenca del río Nanay alimenta redes comerciales globales, a menudo opacas, que llegan a consumidores mucho más allá de las fronteras de la Amazonía. La responsabilidad ecológica que la Iglesia ha estado reclamando desde Laudato si' no es, por lo tanto, solo la de los gobiernos locales o las empresas mineras multinacionales: también involucra las decisiones de consumo, inversión y vigilancia de cada creyente, dondequiera que viva. Orar por el Nanay no es simplemente orar por un río lejano: es reconocer que nuestra casa común, como nos recordó el Papa Francisco, no admite fronteras reales ante la solidaridad cristiana.

📁 Informe especial

León XIV1300 artículos

León XIV, el primer papa estadounidense, frente a la IA y la tecnología digital: perfil, legado social de León XIII y desafíos…

Acceder a la carpeta →

Lectio divina

📜
Lectio - Lectura

«Las aguas son malas, y la tierra está estéril a causa de ellas.» 2 Reyes 2:19

🧠
Meditatio — Meditar

Observas el agua fluir, agua que crees pura, agua que nutre tu vida sin que te detengas a pensarlo dos veces. Pero ¿y si, un día, esta agua trajera muerte en lugar de vida? ¿Qué harías si la fuente de la que depende tu supervivencia se convirtiera, ante tus propios ojos, en un veneno silencioso? ¿Te atreves a reconocer los ríos que tu indiferencia permite que se corrompan, lejos de casa pero tan cerca de tu alma? ¿Qué hay en ti que aún se niega a clamar con aquellos que ya no tienen agua potable?

🙏
Oratio — Orar

Señor, tú que transformaste las aguas contaminadas de Jericó en manantial de vida, mira a la Nanay. Tú conoces cada gota de este río, a cada niño que bebe sin saberlo. Esparce tu sal sanadora sobre nuestros ríos envenenados. Concede a los obispos del Amazonas la fuerza de los antiguos profetas. Silencia la codicia que compra oro con la sangre de los pobres. Que tu Espíritu descienda como lluvia pura sobre esta tierra herida.

Contemplatio - Contemplar

Un pequeño hilo de agua cristalina comienza a fluir de nuevo entre las manos abiertas de un niño amazónico.

✝ Referencias bíblicas

4 pasajes · 4 libros
2 Reyes
📖 Códice — Libro bíblico

Desconocido (escuela deuteronomista) · Siglo VI a. C. · 719 versículos

Él siguió todos los caminos de David, su padre. (2 Reyes 22:2)

La caída de Samaria y luego de Jerusalén: el exilio como consecuencia de la infidelidad.

→ Explora el Códice 2 Reyes
Amós
📖 Códice — Libro bíblico

Amós · Siglo VIII a. C. · 146 versículos

Que la justicia fluya como el agua, y la rectitud como un arroyo inagotable. (Amós 5:24)

Profeta de la justicia social: condena de los ricos que oprimen a los pobres.

→ Explora el Códice de Amos

🌍 3 países involucrados

Argentina
🇦🇷
Argentina
Sudamerica
mayoría católica
católicos
77 %
Capital 🏛
Buenos Aires
👥 Población
46,7 millones de habitantes.
⛪ Diócesis
69
🌟 Santos
3
✨ Santuarios
2
✝ Santo Patrón
Nuestra Señora de Luján
Meditación
La Tierra al final del mundo

Con más de 77.130 católicos bautizados, Argentina sigue siendo uno de los principales países católicos de Sudamérica, a pesar de que la asistencia regular a la iglesia ha disminuido significativamente. La evangelización comenzó en el siglo XVI con la llegada…

Descubre Argentina
Perú
🇵🇪
Perú
Sudamerica
mayoría católica
católicos
76 %
Capital 🏛
Lima
👥 Población
34,4 millones de habitantes.
⛪ Diócesis
45
🌟 Santos
5
✨ Santuarios
2
✝ Santo Patrón
Santa Rosa de Lima
Meditación
Cuzco, el Templo del Sol convertido en catedral

Con más de 76.130 católicos, Perú es un país profundamente marcado por la fe católica, que fusiona la tradición colonial con vibrantes espiritualidades andinas. La evangelización comenzó en el siglo XVI con los dominicos y los francos…

Descubre Perú
Uruguay
🇺🇾
Uruguay
Sudamerica
Minoría activa
católicos
42 %
Capital 🏛
Montevideo
👥 Población
3,5 millones de habitantes.
⛪ Diócesis
10
✨ Santuarios
1
✝ Santo Patrón
ninguno
Meditación
¿El secularismo como desierto espiritual o como libertad?

Uruguay, el país más secularizado de Latinoamérica, cuenta hoy con aproximadamente 42.130 católicos bautizados, pero con una asistencia regular a la iglesia muy baja. La evangelización comenzó en el siglo XVII con los franciscanos y los dominicos…

Descubre Uruguay

🌍 Mapa

🌍 Geografía de los acontecimientos actuales Ver en el mapa mundial católico →
Comparte este artículo
El equipo de VIA.bible produce contenido claro y accesible que conecta la Biblia con temas contemporáneos, con rigor teológico y adaptación cultural.