- El Papa regresando del lugar al que fue enviado.
- El regreso de un continente olvidado por la geografía papal.
- Lo que este regreso revela sobre la Iglesia en América Latina hoy
- Un continente que sigue siendo el mayor reservorio católico del mundo.
- La Amazonía de Pucallpa, una elección que no es neutral.
- Lectio divina
- ✝ Referencias bíblicas
Algunos viajes se sienten como visitas, otros como regresos a casa. El 5 de agosto, la Santa Sede confirmó lo que muchos sospechaban desde la elección de Robert Francis Prevost como León XIV: el Papa emprenderá un viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre. No se trata de un simple viaje diplomático más en la agenda papal. Es el regreso de un hombre a las tierras donde sirvió durante casi veinte años como sacerdote misionero, luego como obispo de Chiclayo durante ocho años, antes de que Roma lo llamara a otras responsabilidades. Este viaje tiene un peso simbólico que ni la Argentina de Juan Pablo II ni la de Francisco habían experimentado jamás de esta manera: un Papa que no descubre un continente, sino que regresa a él.
Lo que llama inmediatamente la atención es la deliberada desproporción del itinerario. Tres días en Uruguay, tres en Argentina y siete días completos en Perú. Este desequilibrio no es una cuestión de protocolo; es una confesión tácita. León XIV optó por dedicar más de la mitad de su tiempo al país donde se formó como pastor, donde aprendió el español andino y el limeño, y donde obtuvo la ciudadanía peruana en 2015. Esta elección, incluso antes del primer discurso pronunciado en la pista de aterrizaje de Montevideo, esboza una teología implícita de retorno, fidelidad y arraigo, que impregnará toda la reflexión posterior.
El Papa regresando del lugar al que fue enviado.
Chiclayo, la matriz de un ministerio
Hay que imaginar lo que significa para un obispo, ahora Papa, cruzar de nuevo el umbral de su antigua diócesis. Chiclayo no es una simple parada ceremonial: es la ciudad donde, desde finales de 2014 hasta su partida a Roma en 2023, el hombre entonces conocido como Monseñor Roberto tejió, piedra a piedra, un entramado pastoral que sus habitantes aún describen hoy con fervor inalterable. Nueve años de presencia diaria entre una población de más de seiscientos mil habitantes, una ciudad donde, según los testimonios recogidos, la fe católica se vive con devoción y llena las iglesias cada día de la semana, hombres y mujeres, jóvenes y mayores por igual. Fue allí donde el futuro Papa aprendió lo que realmente significa ser un pastor que va a las periferias, en lugar de un administrador que espera a que los demás vengan a él.
Esta experiencia no es insignificante en el desarrollo de su magisterio. Arroja luz sobre un pasaje del profeta Ezequiel, a menudo reducido a una imagen pastoral genérica: «Levantaré sobre ellos un pastor, mi siervo David, y él los apacentará. Él los apacentará y será su pastor» (Ezequiel 34:23). Este versículo no anuncia simplemente una figura mesiánica distante; describe una forma de ejercer la autoridad medida por la proximidad física al rebaño, por la capacidad de conocer a cada oveja por su nombre, a cada rincón por su rostro. León XIV, al optar por regresar ante todo a los lugares donde había ejercido este tipo de responsabilidad concreta, ilustra en la práctica lo que promete el texto bíblico: un pastor que no gobierna desde la distancia, sino que regresa físicamente para comprobar el estado del rebaño que dejó atrás.
El programa peruano, con sus cuatro paradas —Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa—, presenta deliberadamente una visión integral del país: la capital política, la diócesis de origen pastoral, la sierra andina y la selva amazónica. Este itinerario no es meramente turístico ni ceremonial; refleja el deseo de visitar los tres Perús que coexisten de forma compleja: la costa urbanizada, las montañas indígenas y la Amazonía, en gran medida ignorada por los principales centros de poder. El Papa conoce bien esta división, pues la vivió en primera persona, ya que, siendo obispo de Chiclayo, fue enviado a resolver dificultades en una diócesis cercana a Lima. Esta experiencia como mediador entre la periferia y el centro encuentra, en este viaje, una forma de continuidad y realización.
Cusco y la memoria de una evangelización herida
La parada en Cusco, a más de 3400 metros de altitud, merece especial atención porque toca directamente una de las heridas más antiguas y dolorosas de la historia misionera de la Iglesia en Latinoamérica. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Cusco, fundada en 1559 por iniciativa del virrey Andrés Hurtado de Mendoza y misioneros españoles, se alza sobre los cimientos del palacio del último gran gobernante inca, Huayna Cápac. Este lugar concentra, en su misma piedra, toda la ambigüedad de la primera evangelización andina: el sincero celo misionero, por un lado, y la violencia colonial, por el otro; dos realidades que la Iglesia contemporánea ya no puede separar artificialmente al reinterpretar su propio pasado.
Que León XIV eligiera visitar este mismo lugar, él que había pasado veinte años evangelizando en esta misma región andina, nos invita a releer un pasaje menos conocido del apóstol Pablo, escrito desde su propia perspectiva como hombre en misión en un mundo ajeno a él: «Me he hecho todo para todos, para salvar a algunos por todos los medios posibles» (1 Corintios 9:22). Este versículo, a menudo citado en su forma más breve, adquiere una resonancia particular en su contexto completo: Pablo describe una adaptación total de su forma de ser, no por cálculo, sino por un amor genuino hacia aquellos a quienes evangelizaba. Esto es precisamente lo que los habitantes de Chiclayo recuerdan de su antiguo obispo: su capacidad para hacerse entender en las dos lenguas de la región, comer lo que comían las familias pobres y comportarse jamás como un extraño de paso. La evangelización que sana las heridas de la historia no es la que impone desde fuera, sino la que se acerca hasta el punto de la identificación.
El regreso de un continente olvidado por la geografía papal.
Cuarenta años de silencio en Argentina y Uruguay
El aspecto más llamativo de este viaje, y el que debería captar la atención por encima de todo, es este hecho casi increíble: será la primera visita papal a Argentina y Uruguay en casi cuarenta años. Juan Pablo II visitó Uruguay dos veces, en 1987 y 1988, y esta es la última visita papal a ese país antes de la esperada llegada de León XIV. En cuanto a Argentina, la ironía de la historia es asombrosa: el país que vio nacer a Jorge Mario Bergoglio, quien se convirtió en el Papa Francisco, nunca ha recibido la visita de su propio hijo desde que se convirtió en pontífice. Francisco, a pesar de doce años como pontífice, nunca ha regresado a su tierra natal.
Este silencio de casi cuatro décadas se explica por una combinación de circunstancias políticas, eclesiásticas y personales propias de cada pontificado, pero dejó un vacío que, a ojos de muchos fieles argentinos y uruguayos, llegó a asemejarse a un olvido. Es este vacío el que León XIV ha llenado ahora, no rectificando un error del pasado, sino simplemente retomando un hilo que la Providencia había dejado escapar. Hay algo en este gesto que evoca las palabras del profeta Isaías dirigidas a un pueblo que se creía abandonado: «Sión dijo: «El Señor me ha abandonado, mi Señor me ha olvidado». ¿Puede una madre olvidar a su hijo de pecho, o no compadecerse del hijo de sus entrañas?» (Isaías 49:14-15). Este texto, rara vez invocado fuera de su marco litúrgico habitual, dice exactamente lo que expresaron los episcopados argentino y uruguayo al acoger con fervor unánime el anuncio del viaje: la sensación de una carencia finalmente cubierta, la certeza de que la Iglesia universal no los había relegado a un segundo plano en su geografía.
El itinerario uruguayo, con sus paradas en Montevideo, Paysandú y Florida, así como la etapa argentina por Buenos Aires, Córdoba y el santuario mariano de Luján, reconoce implícitamente la vitalidad católica de estos territorios, a menudo reducida, en las representaciones externas, a la creciente secularización de sus principales ciudades. Al optar por detenerse en Florida, un pequeño pueblo a ochenta kilómetros al norte de Montevideo, y en Paysandú, a orillas del río que separa Uruguay de Argentina, el Papa señala que no solo viene a honrar las capitales y sus élites eclesiásticas, sino también las periferias provinciales, manteniéndose fiel en esto a un enfoque pastoral que comparte con su predecesor inmediato.
Luján, la Virgen que ya no se mueve
La sección argentina del Santuario de Nuestra Señora de Luján merece especial atención, pues su historia encierra una teología mariana de singular fuerza. Según la tradición establecida desde 1630, una pequeña estatua de la Inmaculada Concepción, transportada en una carreta tirada por bueyes, se negó a avanzar más allá de cierto punto a orillas del río Luján. Los habitantes de esta región, entonces desértica, interpretaron esto como una señal de la voluntad divina de permanecer allí, y construyeron una capilla, luego un oratorio y, posteriormente, un santuario, culminando en la actual basílica, terminada en 1937 y consagrada canónicamente en 1887 por el Papa León XIII.
Esta historia, que podría descartarse como mero folclore piadoso, revela en realidad algo profundo sobre la teología de la Encarnación aplicada a la piedad popular latinoamericana: Dios, a través de su Madre, elige un lugar específico, rechaza la abstracción de una devoción sin raíces y se establece permanentemente en medio de un pueblo concreto, con sus caminos, ríos y estaciones. Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina y venerada también en Uruguay y Paraguay, se ha convertido, a lo largo de generaciones, en el lugar donde las grandes figuras de la independencia argentina, entre las que destacan Manuel Belgrano y José de San Martín, acudían a orar antes de sus decisivas campañas. Que León XIV eligiera detenerse allí durante su visita a Argentina, en lugar de limitarse a reuniones oficiales en la capital, revela una profunda comprensión de la importancia de la piedad popular como un espacio teológico pleno, una convicción que compartía explícitamente con el legado pastoral de su predecesor argentino.

Lo que este regreso revela sobre la Iglesia en América Latina hoy
Un continente que sigue siendo el mayor reservorio católico del mundo.
Sería simplista interpretar este viaje únicamente desde la perspectiva biográfica de la trayectoria personal de León XIV. Debe situarse dentro de una realidad demográfica y espiritual que con demasiada frecuencia se pasa por alto desde una perspectiva europea: Latinoamérica sigue siendo, a pesar de las oleadas de secularización y el auge de los movimientos evangélicos, el continente con la mayor proporción de católicos del mundo. La elección de los tres países visitados no es neutral en este sentido. Uruguay es históricamente uno de los países más secularizados del subcontinente, donde la Iglesia ha tenido que aprender a dar testimonio de la fe en una esfera pública resueltamente secular desde principios del siglo XX. Argentina, tierra del peronismo y de repetidas tensiones económicas, mantiene una vigorosa piedad popular a pesar de la crisis vocacional. Finalmente, Perú combina la rápida modernidad urbana de Lima con las tradiciones andinas y amazónicas, donde el catolicismo está íntimamente ligado a las culturas indígenas.
Al recorrer estas tres realidades tan diferentes en doce días, León XIV compuso una especie de fresco deliberado sobre la diversidad católica latinoamericana, rechazando la idea de un continente homogéneo que solo pudiera visitarse una vez. Esta atención a la pluralidad de experiencias eclesiales refleja una intuición compartida por el cardenal Pedro Barreto Jimeno, una figura peruana profundamente involucrada en los asuntos amazónicos, para quien el futuro de la Iglesia latinoamericana depende precisamente de su capacidad para mantener unidas las periferias urbanas, andinas y amazónicas sin sacrificar jamás una a la otra.
La Amazonía de Pucallpa, una elección que no es neutral.
La última parada en Pucallpa, ciudad amazónica peruana donde León XIV concluirá su viaje el 17 de noviembre, no debe interpretarse como un simple hito geográfico. Es una continuación directa de las inquietudes expresadas en el Sínodo sobre la Amazonía celebrado en Roma en 2019, en el que el entonces obispo de Chiclayo participó activamente como conocedor de primera mano de la realidad de la Amazonía peruana. Concluir un viaje tan simbólico con un recorrido por la selva, en lugar de un regreso triunfal a una gran capital, es en sí mismo un mensaje pastoral: las periferias más remotas no son extensiones secundarias de la misión de la Iglesia, sino su esencia misma.
Esta forma de concluir el viaje evoca un pasaje del Libro de los Hechos, menos frecuentemente destacado que otros versículos misioneros, donde Pablo y sus compañeros, guiados por el Espíritu Santo para evitar ciertas direcciones, finalmente se dejan llevar a tierras inesperadas: «Pasaron por Misia y descendieron a Troas. Durante la noche, Pablo tuvo una visión: un macedonio se le apareció y le rogó: «Ven a Macedonia y ayúdanos»» (Hechos 16:8-9). Este texto ilustra una dinámica misionera que no sigue la lógica de las grandes ciudades ni de los principales centros de poder, sino la de un llamado desde los márgenes. Al finalizar su viaje por Latinoamérica no en Buenos Aires ni siquiera en Lima, sino en el corazón de la Amazonía peruana, León XIV demuestra concretamente esta misma lógica: las últimas palabras de un viaje tan esperado no se pronuncian ante las cámaras de las capitales, sino en medio de aquellos a quienes la geografía económica global sigue marginando.
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«Les pondré un pastor, mi siervo David, que los apacentará. Él los apacentará y será su pastor.» (Ezequiel 34:23)
Quizás tú también conservas el recuerdo de un lugar que dejaste sin haberlo abandonado del todo. ¿Hay en tu vida una tierra, una comunidad, un rostro al que sientes que deberías regresar? ¿Qué te impide aún emprender ese viaje de vuelta? El pastor del que habla Ezequiel no gobierna desde un trono lejano: conoce el aroma del redil que dejó atrás. Y tú, ¿qué redil te espera todavía?
Señor, tú que nunca olvidas el rebaño que has confiado a tus pastores, enséñame la fidelidad del regreso. Pienso en aquellos a quienes dejé sin abandonarlos realmente, en esos paisajes interiores que dejé en barbecho. Concédeme la memoria del pastor que reconoce a cada oveja. Haz de mí alguien que regresa, nunca alguien que abandona. Que mis pasos un día sigan el camino de aquellos a quienes he amado. Mantén viva en mí la promesa de Ezequiel.
Un camino de tierra roja bajo los Andes, y a lo lejos, una silueta que regresa al redil del que en realidad nunca se fue.
✝ Referencias bíblicas
4 pasajes · 4 libros
Si no tengo amor, no soy nada. (1 Corintios 13:2)
La unidad de la Iglesia, los problemas éticos y un himno a la caridad para la comunidad corintia.
→ Explora el Códice 1 Corintios- Un granjero de Oklahoma se convierte en santo: lo que el cine estadounidense revela sobre la santidad misionera.
- León XIV y el amor que mueve el sol: el papado en sintonía con el mundo.
- Cuando Trégor recibe a sus pastores de África: una globalización silenciosa de la Iglesia en Francia.
- En el corazón del Sahel, una misión sin conquista: la estrategia silenciosa de la Iglesia.

Recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros… seréis mis testigos. (Hechos 1:8)
El nacimiento y la expansión de la Iglesia desde Jerusalén hasta Roma bajo la acción del Espíritu Santo.
→ Explora el Códice de los Hechos de los Apóstoles
Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. (Ezequiel 36:26)
Visiones apocalípticas, oráculos de juicio y la promesa de la restauración de Israel.
→ Explora el Códice de Ezequiel- León XIV y el gesto de San Ignacio de Antioquía: cuando Roma aprendió a cantar al unísono con Oriente.
- California: Cuando la Iglesia exige que la ley proteja las almas de los niños antes de que los algoritmos las devoren.
- Moscú sin pastor: lo que la misa del obispo Gallagher revela sobre una Iglesia que espera a su pastor.
- Cuando un líder de la oposición abandona el Vaticano transformado

Nos ha dado un niño, nos ha sido dado un hijo. (Isaías 9:5)
El gran profeta de la salvación: juicio, consuelo y anuncio del Siervo Sufriente.
→ Explora el Códice de Isaías- Yo te haré luz para las naciones (Isaías 49:1-6)
- Te haré luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta lo último de la tierra (Isaías 49:1-6)
- Yo te he puesto por pacto del pueblo, para restaurar la tierra (Isaías 49:8-15)
- Te haré luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra (Isaías 49:3, 5-6)
- Nepal: Cuando el agua lo arrasa todo, la Iglesia permanece en pie.
- Cuando el juicio de un hombre decide una vida: la ley de Massachusetts y el colapso de una frontera.
- Guadalupe: Cuando el archipiélago entierra a sus muertos, la Iglesia elige enterrar el miedo.
- Francia está en llamas: ¿qué nos está pidiendo realmente el episcopado?
🌍 3 países involucrados
Con más de 77.130 católicos bautizados, Argentina sigue siendo uno de los principales países católicos de Sudamérica, a pesar de que la asistencia regular a la iglesia ha disminuido significativamente. La evangelización comenzó en el siglo XVI con la llegada…
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Con más de 76.130 católicos, Perú es un país profundamente marcado por la fe católica, que fusiona la tradición colonial con vibrantes espiritualidades andinas. La evangelización comenzó en el siglo XVI con los dominicos y los francos…
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Uruguay, el país más secularizado de Latinoamérica, cuenta hoy con aproximadamente 42.130 católicos bautizados, pero con una asistencia regular a la iglesia muy baja. La evangelización comenzó en el siglo XVII con los franciscanos y los dominicos…
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